Eva Su pregunta quedó flotando en el aire como una guillotina sobre mi cabeza. Había dejado muy clara su opinión sobre mí. El calor me revolvió el estómago. Era verdaderamente irónico lo horriblemente que me juzgaba cuando ella misma había estado más que dispuesta a meterse en el redil de Brienne, como había dicho. —Sí —respondí con una voz engañosamente calmada, rompiendo el silencio—, tal vez SÍ soy egoísta y desesperada. No sabía nada de todo esto hasta que me lo arrojaron a la cara en un sitio de chismes, así que ¿y qué si estoy desesperada? Es mucho mejor que ser una cobarde. Dirigí las palabras hacia ella como un golpe y acerté de lleno. Dejó caer el plato que llevaba, con la boca abierta de par en par por la sorpresa. —Sentí lástima y empatía por ti en aquel entonces, sabiendo

