Estoy aquí sentado en esta sala de espera del consultorio al que vino Vega, y al mirar a mi alrededor, los recuerdos de cuando iba a los controles médicos con Raquel regresan a mi mente. Veo a las mujeres embarazadas con sus esposos e inevitablemente la tristeza me consume. Es difícil darte cuenta de que lo has tenido todo, pero un día de la noche a la mañana lo has perdido todo —Vega Castello— Escuchamos la voz de una enfermera, e inmediatamente ella se pone de pie y me mira. —¿Vienes?— Me propone y niego con la cabeza. —Te espero aquí, no quiero invadirte— Respondo un tanto avergonzado y sonríe. —Está bien, te veo luego— Susurra y sigue con su camino mientras que yo me quedo aquí con todas las imágenes de lo que viví dando vueltas en mi mente. Justo en la fila de asientos que esta fr

