[QUENTIN] Charlotte y yo somos como dos gotas de agua, y juro que en verdad estoy sorprendido por nuestro parecido. Nadie, en ningún momento, podría decir que no estamos emparentados, y hasta me atrevo a decir tiene uno que otro toque a mi madre que me hace recordarla. El silencio en la oficina se hace, supongo que ni Keira, ni Facundo saben cómo responder, pero Charlotte y yo sí; hay mucho que hablar y ella no deja de sonreírme con esa malicia que hasta hoy la caracteriza. ― Les diría que tomen asiento, pero, no sé si se queden lo suficiente para un café ― bromea, pero ni a mí ni a Keira nos causa gracia. Al ver que no nos reímos, continúa.― ¿En qué puedo servirte? ― No soy un empleado de tu empresa como para que me trates así ― hablo, firme.― Bueno, si es que tienes una empresa.

