Agarré las seis rosas que tenía en mis manos y las arrojé a su ataúd. Me hinqué a un lado de este y pegué mi frente con la madera. - Oh mi amor, no sé que haré sin ti – Negué – Te amo, nos veremos pronto. Me paré y con toda la fuerza del mundo, miré el momento en el que bajaban el ataúd bajo tierra y comenzaban a taparlo. Todos se acercaron a dejar sus flores y algunas cosas que caracterizaban a mi mate. Rebeca dio toda la vuelta y se acercó a mí para abrazarme. - Lo siento mucho corazón. En serio lo lamento – me abrazó – Todo estará bien. Tú tienes que estar bien por tus hijos – Asentí – Es momento de dejarlo ir. Tiene que descansar en paz. - No puedo hacerlo Beca – Lloré en su hombro – Tengo unas ganas enormes de… - Apreté mis dientes con f