— ¿Bien? — Miro a Hudson a la salida del club días después. — Estoy en el roster oficial — anuncia. — ¡Lo sabía! — chillo antes de saltar y colgarme con un chango. Hudson se ríe al tiempo que me sostiene. Tomo su rostro entre mis manos y dejo besos rápidos en sus labios. — Esta es tu témpora — digo — Eso, no lo dudes. — Gracias por confiar en mí. — Cariño— lo miro— Estoy segura de que trabajaste estos meses para estar donde estás. Asiente. — ¿Por qué no vamos por unas donas, para celebrar? Niego con diversión. Sin soltarme, me lleva a su camioneta y me deja en el asiento del copiloto. Somos un espectáculo, pero no me importa y a él tampoco parece importarle. Emprendemos el camino hasta el establecimiento donde Hudson consigue su bomba de azúcar. Han sido días muy buenos, han

