Quincuagésimo noveno

3419 Palabras

Se me hizo difícil abrir los ojos, estaba oscuro y la cabeza me daba vueltas. Estaba acostada en el suelo. Estaba frío. Me incorporé, sobándome la cabeza. No tenía la menor idea de dónde estaba o qué había pasado. Miré a mi alrededor, esperando a que mis pupilas se acostumbraran a la oscuridad. No podía ver nada que me hiciera referencia a dónde estaba. Me levanté y caminé con cuidado en busca de alguna puerta, pero no conseguí nada. —¿Hola? —grité, esperando a que alguien me escuchara, pero lo único que escuché fue mi eco. Tanteé las paredes hasta conseguir algo de metal, que imaginé era una puerta, o al menos eso quería creer. Grité un par de veces más. No sabía qué hora era, ni siquiera el día. Estaba entrando en pánico, quería estar con mi padre. —Por favor, ¿dónde están? —

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