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1175 Palabras

León No fui al estudio. Eso me dije al salir de la habitación, pero incluso ese pensamiento me pareció falso en cuanto surgió. Mis pies no eligieron la dirección, la elegí yo. O tal vez algo dentro de mí lo hizo, algo antiguo, algo que solía mantener oculto tras la disciplina y el silencio. Me detuve cerca del final del pasillo, donde la luz de las ventanas caía con demasiada nitidez sobre el suelo, como si nada dentro de mí pudiera existir en un lugar tan luminoso. El silencio allí era peor que el ruido, porque me daba espacio para recordar, y recordar era precisamente lo que no debería haber tenido permitido hacer. Isabella. Solo ese nombre me oprimió el pecho. No suavemente. No con delicadeza. Demasiado bruscamente, como un anzuelo que tira hacia adentro. Antes de darme cuenta, m

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