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1740 Palabras

Isabella Estaba sentada en silencio en el suelo, con las manos atadas a la espalda y los ojos cubiertos por una venda. No me habían puesto mordaza; tal vez porque ya sabían que no intentaría gritar. ¿Gritar para qué? ¿Pedir ayuda? ¿Acaso vendría alguien si lo hiciera? ¿Liam, tal vez? No podía detenerme demasiado en ese pensamiento. Puede que hubiera dicho que me amaba, que hubiera sido amable, tranquilo y casi... cariñoso conmigo durante las últimas semanas, pero me negaba a ponerme en una situación en la que llegara a creer que yo significaba algo para él; algo lo suficientemente importante como para que le importara si estaba herida o sentía dolor. Es decir, estamos hablando de Liam. Si alguien me ha causado dolor alguna vez, ha sido él; fue precisamente él quien me enseñó lo que

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