Isabella Liam me recordaba tanto a ese niño que se me cortó la respiración. Era ridículo. Imposible. Ese niño solo había existido en un rincón olvidado de mi memoria, oculto bajo años de dolor y supervivencia. Sin embargo, el parecido en ese momento no radicaba solo en su rostro. Estaba en su mirada. El mismo temblor. La misma desesperación silenciosa. La misma forma en que parecía mantenerse en pie por un hilo. Tragué saliva con dificultad y me giré completamente hacia él. Liam seguía mirándome como si mi respuesta pudiera salvarlo o destruirlo. ¿Cómo podía una pregunta tener tanto peso? ¿Cómo podía un hombre como él parecer tan asustado? Mi miedo no desapareció, sino que se transformó, entrelazado ahora con algo más suave. Algo peligroso. Lástima. No. No lástima. Algo más

