Leon El comedor estaba lleno de un murmullo cortés. El suave tintineo de los cubiertos contra la porcelana resonaba a intervalos, mezclándose con risas bajas carentes de verdadero significado y conversaciones que giraban interminablemente en torno a temas que no me interesaban; aun así, asentía en los momentos oportunos, como si realmente formara parte de aquello. Antonia estaba sentada a mi lado, conversando con ligereza con sus padres; su tono era natural y fluido, como si todo allí ocupara su lugar exacto y siempre hubiera sido así. Thomas y Gloria Williams —sus padres— llevaban la conversación con esa soltura que dan los años de cenas protocolarias y familiaridad social, mientras mis padres se integraban con la misma naturalidad, como si toda aquella escena hubiera sido ensayada mu

