Leon —Siéntate —dijo Thomas mientras tomaba asiento, y Margaret se sentó a su lado. Ninguno de los dos fue a servirse una copa, pero yo me moría de ganas de tomar una. Así que, en lugar de seguir la orden de Thomas, fui directo al minibar y saqué un brandy. Me serví medio vaso y lo bebí de un trago. La sensación de ardor en la lengua, bajando por la garganta y llegando al estómago, fue muy bienvenida. Me serví otro vaso y me volví hacia Thomas y Margaret. Ambos me observaban fijamente; ninguno decía nada ni hacía ademán de detenerme o cuestionarme. Levanté la botella de brandy y sostuve la mirada de Thomas. —¿Quieres un poco? Lo pensó un segundo y, asintiendo, dijo: —Mmm. Asentí, busqué otro vaso, le serví y llevé ambas copas a la zona de estar. Crucé brevemente la mirada con Thomas

