Isabella —Había tenido mala suerte desde que era un bebé —comenzó Eunice, y yo tragué saliva, prestándole toda mi atención a ella y a todo lo que tenía que contarme. —Cuando Margaret estaba embarazada de siete meses, el corazón de él dejó de latir y, como el médico no quería que la situación se volviera fatal, tuvieron que practicarle a Margaret una cesárea de urgencia. Fruncí el ceño, pero no dije nada. —Por culpa de él, llegaron al mundo mucho antes de tiempo y tuvieron que permanecer en la incubadora para terminar de desarrollarse. Sus pulmones eran débiles y, aunque fue el primero en nacer, parecía más pequeño y frágil. Resultó que Liam estaba recibiendo más nutrientes que él. Mi ceño se frunció aún más. —¿Margaret tuvo gemelos? —pregunté, con el corazón latiendo con fuerza al ca
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