No sé cuantas horas llevo abrazada a Bruno en este sofá, lo único que sé es que él ha comprendido a la perfección que en estos momentos que él tan solo me abrace y me diga que todo estará bien —¿Tienes sueño hermosa? — me pregunta en un susurro y deposita un tierno beso en mi cabello. —Si…— admito y si bien sé que en estos momentos debería sentirme feliz porque voy a ser mamá, sigo sintiendo culpa de todo esto que me está ocurriendo. —¿Por qué no te vas a acostar y yo te preparo algo de cenar y te lo llevo a la cama? — me propone y asiento. —¿Una sopa? — negocio. —¿Quieres sopa? — me pregunta y sonrie. —Es que no tengo mucha hambre… en realidad si como es solo porque…— intento decir, pero no me salen las palabras. —¿Por el bebé? — termina la frase y una sensación extraña me recorre