Henry es un pésimo jugador de ajedrez – jaque. Tiene el codo sobre la mesa y presiona la punta de sus dedos sobre su mejilla y barbilla, se humedece los labios y pasa su mano derecha sobre el tablero deteniéndose en las piezas que quiere mover, lo hace por tanto tiempo que es fácil saber en qué tipo de jugada está pensando. Esa podría ser peligrosa. Y cambió de opinión. – Jaque mate. Suelta un resoplido – no puedo ganarte. – Es lindo verte esforzándote. Los pasos del duque Winter son sigilosos, no así los de Jonathan Edwards, su prótesis se desajusta en los días fríos y produce un sonido agudo, hoy hay otro hombre con ellos. – Se ve interesante, ¿quién va ganando?, adivinaré, ¡alteza! Yo sonrío – una adivinanza fácil. – Estoy de acuerdo. – No hablen como si yo no estuviera aquí.