Es tarde, anoche no dejé ni una sola prenda lista para la mañana, ni siquiera pude cenar, desperté a media noche con ganas de comerme el relleno de las almohadas, tampoco pude hablar con Henry o con el resto de los caballeros grises y no puedo retrasar el viaje porque parecerá que estoy escondiendo algo y mientras yo tengo que apresurarme, Demián es bastante optimista con esos sueños de la diosa de invierno que aparecerá para ayudarnos. ¡Claro! Mi confianza tiene un límite y se acaba en el preciso momento en que comienzan los cuentos de dioses inducidos por fiebre. Debí despertarme más temprano. El comedor es silencioso, soy una de las primeras personas en bajar porque literalmente podría comerme los platos sí supiera que son comestibles, miro la mesa con un florero y espero unos minut