—Claro que me siento orgullosa siendo la esposa de Alexander. Que sea un enfermo o tenga cicatrices no es un problema para mí —dice Lucía, mirando fijamente a Luana, el mentón erguido—. Sigue siendo mejor persona que todos ustedes juntos. Yo no veo a un monstruo en él. Ustedes son los verdaderos monstruos. Prefiero mil veces a alguien como él a mi lado que a ustedes, arpías venenosas. —¡Maldita! —grita Luana, fuera de sí. Tanto Osmar como Alexander, que aún están frente a la entrada, escuchan el grito y ven todo lo ocurrido desde la distancia. Alexander parpadea, incrédulo. Su pecho se llena de una mezcla intensa de orgullo y emoción. No se lo esperaba. Lucía lo está defendiendo. A él. De corazón. Muchas veces, estando bajo la identidad de Adrián, le ha tocado escuchar cómo la gente esp

