La luz que entra por la ventana ha hecho que me despertara. Miro el reloj, siete de la mañana... ¡Mierda! Exclamo en mi interior e intento levantarme de la cama, pero su mano sorpresivamente sujeta mi brazo. -¿Dónde crees que vas tú?- Me pregunta con su voz más ronca que de costumbre. Aun está dormido. Lo miro y sonrió al ver lo bello que luce recién levantado. –Al hotel guapo.- Digo y el niega con su cabeza. -Iremos a desayunar. Si preguntan, les diremos que nos hemos reunido muy temprano para arreglar unas cosas en la agenda. Ellos no son de la disquera.- Me explica y me asombra la lucidez que tiene a esta hora de la mañana. -¿Con la misma ropa que me vieron salir anoche?- Pregunto dejándole saber que es un riesgo. Gira sobre el colchón y me jala haciendo que caiga a su lado. –Hay un