Punto de vista de Rosie Aria me pellizcó fuerte la mano y yo hice un gesto de dolor en silencio. Era una señal para que dejara de hablar y le siguiera el juego. «Princesa, deja de levantar la voz, me sangran los oídos», bromeó, sonriéndome mientras arrastraba el ramo de rosas que había sobre la mesa, se acercaba a mí con paso de modelo y me lo ponía delante de la cara. Casi estornudo si no me hubiera tapado la nariz con dos dedos para mantener el aire atrapado allí. «Sé que me echas de menos, así es como lo expresas». Su tono de voz y sus gestos ocupaban mi mente. No se sintió ofendido, molesto ni enfadado por mi actuación. Más bien bromeó y jugó con todo. ¿Cómo se convirtió en un alfa? ¡Y uno supremo! Acercó sus labios a mis oídos y un cosquilleo recorrió mi piel hasta dejarme sin

