La rubia me observa en silencio y guarda su arma en la pretina. –Quien eres?– repito mi pregunta. Ella solo hace una seña con sus manos para que la siga. No obedezco y me quedo parada en el mismo lugar. –No iré contigo, no te conozco– vuelvo a decir. –Te llevaré a casa, lo juro– habla al fin. Su voz es dulce pero con algo de frialdad, no es chillona ni grave. Empieza a caminar y la sigo. Al ser de noche, se me dificulta ver más detalladamente sus facciones pero tiene pómulos destacables. Todos se abren paso ante ella y la observan con cierto temor. –Me dirás tu nombre?– pregunto. Ella no responde, se mantiene fiel a las seis palabras que salieron de su boca. Caminamos hasta estar a unos veinte metro de la casa de Donelle, ella señala el lugar y se gira. –Quien eres?– pregunto y e

