POV HERNÁN Cruzo el pasillo hacia la oficina de mi padre con una mezcla de frustración y tensión en el pecho. He recorrido este camino muchas veces, pero hoy siento que mis pasos pesan. Lo que tengo que decirle va a desatar algo que no podremos controlar, y él, como siempre, esperará que lo maneje con precisión. Al llegar, golpeo la puerta. No espero mucho; su voz, fuerte y controlada, me da paso enseguida. —Adelante. Entro y lo encuentro en su silla de cuero, esa que parece demasiado formal para alguien que apenas necesita sentarse. Su mirada es fría, calculadora, y sé que no tolerará rodeos. Me muevo hacia la silla frente a él y me siento, sin perder un instante en formalidades. —Padre, tenemos un problema —digo directo al grano, notando cómo su ceño se frunce apenas un segundo desp