Capítulo 16

1530 Palabras
Eva Al final, mi decisión fue difícil, pero luché contra la culpa. —Nada especial —mentí, apartando la mirada para beberme el café que había pedido. —¿Y tú? —le pregunté, devolviéndole la pregunta. Tardé un segundo en darme cuenta de mi error, pero ya era demasiado tarde. Una amarga culpa me calentó el estómago cuando su rostro se ensombreció, como si el recordatorio de su situación fuera suficiente para deprimirla. A diferencia de mí, ella ya era abierta con sus problemas, por vagos que fueran, y yo ya sabía la mayor parte. —Lo siento, no tienes por qué responder —intenté rectificar rápidamente, pero ella negó con la cabeza. —No pasa nada. Hace mucho tiempo que no comparto mis problemas con nadie —dijo, dejando la taza sobre la mesa. —Ya sabes cómo está la situación con Viktor. Richard no es diferente. Desde que Viktor tomó el control por completo, lo único que hace es beber y jugar. Lo único bueno ahora es que me ignora mucho más. Por eso puedo salir libremente como lo hice hoy. Encontré este lugar y todos los demás sitios de la ciudad. Intentó terminar con una nota más alegre, pero nada de lo que dijo era feliz en lo más mínimo. Mi corazón se compadeció de ella. Durante las pocas semanas que pasé con ellos en su casa durante las vacaciones, hice muy buena amistad con Grace y aprendí mucho sobre ella. Nunca tuvo mucho control sobre su vida, ya que se casó con Richard cuando era joven e ingenua. Richard era un hombre controlador e intolerante desde el principio, y ver cómo la trataba tanto en privado como en público me hizo perder poco a poco el respeto por él durante mi corta estancia allí. Ella había estado confinada a vivir en su finca con ese hombre horrible durante tanto tiempo y él la había destrozado. Eso fue lo que me ayudó a crear un vínculo con ella hace tantos años. Las pocas semanas que pasé con él antes de la pelea entre él y su padre, nuestra marcha, me proporcionaron toda la información que necesitaba saber. Mi corazón se rompió en aquel entonces. No tenía ni idea de cómo alguien tan horrible podía estar con alguien tan bueno. Mi única seguridad entonces era que Viktor estaba allí para amar y cuidar a su madre. Incluso cuando regresamos a nuestro apartamento en la ciudad, él prometió visitarla constantemente. Pero ahora, por la forma en que ella hablaba, parecía que él estaba haciendo lo mismo. Salía de fiesta y bebía, actuaba más como su padre. Una amarga ira se apoderó de mí. Extendí la mano para coger la suya, cubriéndola con la mía antes de apretarla ligeramente. Ella lo aceptó bien, sonriendo ante mi gesto reconfortante. —No me hagas hablar de Brienne —Ella negó con la cabeza—. De todas las personas que pudo elegir. —Creía que era una alianza acordada —pregunté. —Ni hablar —respondió con desdén. Parpadeé sorprendido por su palabrota. Rara vez, por no decir nunca, decía palabrotas y sonaba extraño en su boca. —Nunca me gustó desde el principio —dijo—. Incluso cuando eran amigos, no me caía bien. Las pocas veces que venía de visita maltrataba a las criadas. Constantemente deseaba poder echarla, pero es la hija de Harrison y a Richard le cae bien. Vi cómo apretaba los puños ligeramente. —Richard y su padre lo celebraron cuando Viktor lo anunció de repente. No tengo ni idea de cuál de los dos sugirió que se publicara en las noticias. Todo ese tiempo... deseé que fueras tú con quien se casara. Respiré hondo, luchando por no retroceder cuando ella extendió la mano y me atravesó con su mirada conmovedora. —Eras muy diferente a todos los demás. Eras considerado y lo completabas. Lo vi entonces, lo feliz que lo hacías. Aunque respeto tu decisión, ojalá no te hubieras ido —dijo, con tono desanimado. «¿Me fui?» Esa sola palabra resonó en mi cabeza. «Me fui». Como si hubiera tenido otra opción. Mi estómago se calentó de rabia mientras fruncía los labios. Su inconsciencia era dolorosa y deseé haber insultado más a Viktor. No iba a encubrirlo. Tenía que decirle la verdad, por muy dolorosa que fuera. —No lo dejé —dije con tono controlado— me echó. Su reacción fue inmediata. Se quedó consternada y retiró la mano. —Eso... eso no tiene sentido —dijo, parpadeando mientras intentaba entenderlo. «Lo siento», le dije en silencio, a modo de disculpa. No le iba a gustar lo que iba a decir a continuación. Sentí que se me encogía el corazón al pedir perdón por lo que estaba a punto de decir. Se lo conté todo. Desde su repentino cambio de actitud y el abandono que sufrí meses antes de que me echara, los ataques de ira cada vez que intentaba acercarme a él, hasta la noche que lo cambió todo. Me aseguré de no mencionar el embarazo. Con todo lo que le estaba contando, ya era demasiado. Su rostro cambió, cada vez más angustiado a medida que continuaba, revelándole que él me había engañado con Brianna y me había echado de casa. Cuando terminé de contar la historia, cada parte de mí estaba tensa por la preocupación que sentía por ella. Grace estaba completamente pálida, paralizada, con lágrimas brillando en sus ojos. No había tocado su té en todo el tiempo. —No... mi hijo no haría algo así... —se interrumpió, parpadeando frenéticamente, y mi corazón se partió al ver las lágrimas en sus ojos. —Lo siento, pero es la verdad —dije con tristeza. No podía imaginar el dolor que sentía al desilusionarse, al saber que su hijo había hecho algo tan despreciable. De repente, se levantó, pillándome desprevenida. —El baño. Necesito... Necesito ir —jadeó, con el corazón en un puño, antes de salir corriendo de la habitación. Cuando sus pasos desaparecieron, bajé la vista hacia la taza de café ya fría. Una parte de mí se sentía culpable, pero no podía ocultarle la verdad. Ya le estaba ocultando un secreto y no iba a traicionar su confianza con otro. Pasaron varios minutos antes de que reapareciera. La mitad de su maquillaje había desaparecido. Tenía los ojos visiblemente enrojecidos y pude ver las lágrimas que se abrían paso a través del maquillaje. Mi corazón se rompió por ella. Su rostro estaba impasible y estoico, lo que me provocó aún más ansiedad. No parecía la mujer alegre que yo conocía, sino más bien como si le hubieran succionado la vida. ¿Qué había hecho? ¿Había cometido un error al decírselo? —Necesito mucho tiempo para procesar todo esto —dijo, interrumpiendo mis pensamientos. A pesar de su aplomo y elegancia, había algo en ella que parecía muy rígido. Era como si estuviera tratando de mantenerse entera para evitar desmoronarse. —Yo... yo no sabía nada de esto. Lo único que recuerdo es que, meses después de jurar que nunca volvería, Viktor apareció de repente en su casa completamente cambiado, con Brienne. Lo único que me dijo fue que vosotros dos habíais roto y que te habías marchado, pero no sabía por qué. No... No puedo imaginar que él hiciera algo así. Que fuera tan... despiadado —dijo entre sollozos. No dije nada, ni intenté acercarme a ella. Ninguna palabra sería suficiente para consolarla. No mientras estuviera pasando por un cambio tan grande. Su mente estaba desilusionada con su hijo, igual que la mía años atrás. ¿Estaba Viktor orgulloso de sí mismo por mentir? ¿Creía que estaba haciendo lo correcto o era consciente del dolor que estaba causando por su propio egoísmo? Apretando la mandíbula, de repente deseé poder abofetearlo una vez más. De pronto, levantó la cabeza, se secó los ojos una vez más antes de recoger todas sus cosas, coger su bolso y levantarse. —Tengo que irme. Puedes quedarte todo el tiempo que quieras, no te preocupes por la cuenta. Lo siento, señora, pero necesito... espacio —exhaló. Todo tenía sentido, pero no pude evitar sentirme triste. Asentí con la cabeza y le dediqué una sonrisa. —Por supuesto, tómate tu tiempo —le dije. Se dio la vuelta para marcharse, pero se detuvo de nuevo y se volvió hacia mí. —Hay... hay una fiesta de compromiso privada dentro de dos semanas . Es Vik... es SU fiesta de compromiso. Casi se atraganta al pronunciar el nombre de su hijo, y lo cambió al instante. —Espero que vengas, al menos para hacerme compañía —continuó. Tragué saliva. La idea de volver a enfrentarme a ellos me provocó una punzada de renuencia. Me estaría sometiendo de nuevo a su escrutinio y eso era lo último que quería. Sin embargo, al mirarla, no fui capaz de negarme. —Allí estaré —dije, asintiendo con la cabeza a pesar de las dudas que me asaltaban. Sus labios se curvaron ligeramente, sin llegar a ser una sonrisa. Con eso, se marchó, desapareciendo de la habitación mientras yo permanecía sentado en mi sitio.
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