[DIEGO] Esta mañana no hay aroma a café recién hecho, pero sí olor a lavanda, un cuerpo calientito al lado que me abraza como si me fuera a ir de nuevo. Siento la respiración de Valle rozando mi piel y un sol brillante entrando por la ventana. Extrañaba tanto estos despertares que aún siento que si me vuelvo a quedar dormido será todo un sueño y Valle aún está en Mendoza y yo en América. El cuerpo me duele terriblemente, entre el viaje y lo de anoche, y sé que pude evitar tener ese encuentro con ella y posponerlo hasta hoy, pero las ganas siempre son más que el cansancio del vuelo. El interfono de la entrada suena y después de pensar si contestaré o no, me levanto con cuidado. Dejo con delicadeza la cabeza de ella sobre la almohada, ella se acomoda y la abraza, camino hacia el interfo