Ni en sus sueños David Canarias pensó que llegaría a la edad de los treinta años, casado, con una hija y viviendo en otro país, por lo que este día se sentía plenamente sorprendido de todo esto. Su hija, Sila, de tan sólo un mes de nacida movía poco a poco sus piernas y brazos mientras veía a su padre que la revisaba como todos los días sus signos vitales. La verdad es que ella ya estaba bien, es más perfecta, sin embargo, su padre era una persona muy rutinaria por lo que la revisaría todos los días incluso antes de entregarla en el altar dentro de muchos años. —No puedo creer que ya tengas treinta hermano.— Le dijo Ainhoa mientras bajaban con las maletas para subirlas al auto.—No cabe duda que te sigues viendo igual de guapo, pensé que tu vida picaflor te quitaría la belleza. —La vi