—¿Cuánto nos falta para terminar este tormento?—pregunté con un suspiro pesado, mientras ordenaba con torpeza todo el desastre de cartón, pinturas y restos de silicona que habíamos dejado esparcido por la habitación. —No mucho, Eliette. Tranquila, ya casi acabamos—respondió Vanessa con una sonrisa de alivio en el rostro, limpiándose un poco de pegamento de la mejilla. —Mañana temprano, antes de ir a clases, habremos terminado los últimos detalles del trabajo de historia. —Me alegra saberlo, de verdad creí que no sobreviviríamos a esta maqueta sobre la arquitectura medieval. Ambas estallamos en una risa ligera y cómplice, recordando las horas interminables que habíamos pasado intentando que las pequeñas torres del castillo no se derrumbaran. Estábamos agotadas, pero satisfechas con el re

