—Sigo creyendo que es mala idea —le dije mientras íbamos a medio camino, por el bosque tan oscuro, ademas eran pasados las diez. Intente bajar más el vestido rosa pegado al cuerpo que me había prestado Carolina. —Anne, ahora ya estáis aquí así que no te puedes echar para atrás —me dijo—. Solo espero que el auto de mamá no nos traicione —murmuro, acariciando el volante. Habíamos venido en el auto de la madre. —Y yo espero que nada malo pase. —Hay, Anne, te hace falta salir —resoplo. —¿Que tal si alguien nos ve? —quise saber, ya que ella me había dicho de que Hannah vivía sola y que le gustaba hacer reuniones pequeñas invitando a chicas del colegio. Y quizás esas chicas sean conocidas. —No nos verán, estará oscuro y así —respondió—. Ahora, si hoy no hizo nada de esas "reuniones" ya sabe

