—¡Dios mío! ¡Lobos! —escuché que exclamaron detrás de nosotras, me pareció la voz de mi hermano. Luego de eso, gritos de terror invadieron el lugar. —¡Anne, Carolina, no se queden cerca! Los lobos se detuvieron a pocos centímetros de nosotras, mirándonos y examinándonos. Miré a Carolina, ella estaba un poco tranquila pero con algo de temor, ya que quizás Rafael y los demás estaban enojados por haber entrado a su territorio, sin embargo estábamos desprotegidas. —Anne, ellos buscan a Thomas y Kayler, dicen que los vieron cruzar la frontera, sin pedir permiso ni nada —me susurró ella. —¿Q-que? Pero... ¿nos dejaron solas aquí? No lo puedo creer —respondí, era cierto, no podía creer que nos hubieran dejado desprotegidas y ni siquiera nos dijeron nada, ni se despidieron. —¡Chicas, por Dios

