—¿Que está pasando, Anne? —cuestionó Kayler, mirándonos. Miré a Thomas, quien tenía las manos apretadas. —Es una larga historia, Kayler —le respondí sin mirarlo. —Ven, ellos tienen que hablar —Carolina se lo empezó a llevar, su novio no se opuso, solo nos dio una mirada rápida para caminar en dirección a la casa. Si, iba a ser un sacrificio de todas formas. —Anne, no te preocupes —me dijo Thomas—. Nadie te pondrá una mano encima, ¿entiendes? No lo miré. Mi mente estaba en la nota llena de sangre y en la carpeta azul. Me arrodillé, cogiéndola ¿quien era Augusto y porqué nos tomaba fotos? La carpeta la había dejado en mi casa ¿cómo es posible que la hayan encontrado? Aunque son vampiros, obvio pueden salir y entrar cuando se les de la gana. —No tienes nada que hacer, Thomas —lo miré—.

