Thomas me miraba expectante, un atisbo de confusión y asombro cruzaba por sus facciones. Apuesto a que mi proposición lo desconcertó. Ni siquiera sé porqué le pedí eso, simplemente lo hice y ya; supongo que estoy cansada del acoso físico y verbal y solo quiero aprender a defenderme sola, aprender a ser fuerte y, quizás, convertida en una licántropa el dolor sea menos. —¿De qué estás hablando, pequeña Anne? —cuestionó, caminado despacio y tomándome de la cintura para dirigirme hacia su casa. Su toque envió una corriente eléctrica por mi cuerpo, me hizo estremecer. —L-lo siento —tartamudeé, para después aclárame la garganta. Nos detuvimos frente a su puerta, mirándonos. —No estas pensando con claridad —me dijo—. Créeme, no quieres eso. Fruncí el ceño ¿porqué lo dirá? ¿Acaso es tan malo

