—En cuanto a la petición de divorcio —continúa el juez, tomando un sello de su estrado—, habiendo cumplido los plazos legales y existiendo un acuerdo sobre la división de activos... Noto que, por parte de la señora Sterling, ha intentado renunciar a cualquier tipo de manutención. Asiento al juez y siento a Alistair tensarse a mi lado, una vibración de desaprobación emanando de él. —Así es, su señoría —asevero con firmeza hacia el juez, queriendo dejar claro que mi orgullo no está a la venta, que estoy más que lista para cerrar este capítulo sin deberle un solo dólar más. Pero el juez Miller frunce el ceño y se inclina hacia adelante, clavando su mirada en la mía con una autoridad que no admite réplicas. —Señora Sterling, entiendo su orgullo, pero la ley de este estado protege a la parte

