—Yo no te debo nada —le corto a Leonard, dando un paso firme hacia adelante que lo obliga a retroceder, tropezando ligeramente con la alfombra—. Es más que claro que has usado a tu hija como si fuera una propiedad de la que puedes disponer a tu antojo. Y lo peor, has intentado destruir la vida de una mujer inocente solo por tu maldita avaricia y tu necesidad de control. Audrey me lo ha contado todo, Leonard. Absolutamente todo. Así que puedes irte directo a la mierda. Él palidece. El color escarlata desaparece de sus mejillas, dejando una palidez cenicienta, pero su arrogancia es una enfermedad más fuerte que su propia vergüenza. —Ella no sabe de lo que habla —balbucea, intentando recuperar el terreno perdido—. Solo intentaba protegerte de esa... de esa mujerzuela que solo busca tu diner

