—Si el mundo se entera, verá a una mujer que venció al infierno —dice él, tomando mi rostro entre sus manos, obligándome a mirarlo. Sus pulgares limpian mis lágrimas con una ternura que me desarma—. Y si alguien se atreve a juzgarte, tendrá que pasar por encima de mí primero, porque nada de este circo importa si no estás tú. Me quedo mirándolo, intentando procesar sus palabras a través de la neblina de mi llanto. No puedo evitar que el cinismo y el miedo vuelvan a asomar la cabeza una última vez. —Alistair, tu vida es perfecta... esto lo arruinaría todo —espetó, aferrándome a esa idea para no caer nuevamente, intentando apartarme de su abrazo, aunque mis dedos se niegan a soltar su camisa—. Tu reputación, tu familia... el medio te va a destruir si te quedas conmigo después de que todo es

