Cuando al fin entro a la habitación donde mi madre está, es más de medio día. Avanzo con pasos cortos y algo nerviosos. Aunque ha superado esta crisis. No está fuera de peligro eso, no debo olvidarlo. Temo que algo le pase. Al tener Alzheimer sus emociones le juegan malas pasadas. Sobre todo cuando se trata de papá. Eso la altera y para era sincera. Me genera estrés verla en ese estado. Me detengo afuera de la habitación, respiro profundo antes de entrar. —Vamos, Kate. Nunca has ido una cobarde— susurro. Con un acoplo que estoy lejos de sentir, abro la puerta y entro. Mi madre yace sobre una cama y tiene cables en el pecho que están conectados al monitor. La estéril habitación me hace un nudo en la garganta. En silencio, avanzo hasta su lado y cuando tomo su mano inerte. Puedo

