—Sabes, tu ego es tan grande que me parece sorprendente que no salga por las ventanas —Anuncio con voz fría. No dice nada. De repente algo hace clic en mi cabeza. —Tú enviaste el contrato —susurro. —Deberías agradecerme. Te salvé de una pena mayor junto a Caruso. —Eres tan nefasto —niego dando media vuelta y tomando la maleta. —¿A dónde vas? —Lejos de tu absurda venganza—. Lo fulminó con mirada —Yo no tengo que ver en tu pleito con Alessandro. —No es así —niega —Solo tenía curiosidad de saber que vio en ti, Alessandro. —¡Nada! —abro los brazos —Nada, porque si fuera así, estaría a mi lado y no me hubiese dado una patada en el culo. —Él es un imbécil. Pero, déjame decirte que tú no te quedas tras. —¿Perdón? —doy un paso adelante. —Eres una maldita caja fuerte, Kate. No sé que

