○○◘◘••♥♥••◘◘○○ —¡No te soporto más! ¡Fuiste tú quien la dejó ir, por orgulloso y no querer decirle nada de lo que estabas sintiendo y mírate ahora! —grita mi hermana, al tiempo que se agarra el cabello y lo sacude con frustración. Las últimas horas, podían catalogarse como parte de las peores que había tenido que vivir alguna vez, porque no solamente Laureen se había ido sin haberle podido decir “adiós”, sino que el papel en donde me había dejado su número telefónico, para permanecer en contacto, había desaparecido por completo. —Briseida, ¿qué voy a hacer? —le pregunto con un poco de angustia. Siento mis ojos picando, porque tengo ganas de llorar y liberar un poco de este sentimiento tan asfixiante. —Bastian… No lo sé. Yo tampoco tengo nada de ella, como para poderla contactar, de h

