Automáticamente, en mis labios se dibujo una sonrisa, una agradecida por tan grata sorpresa después de una noticia tan tensa como lo extraño qué estaba comportándose Michael. —No sé como pagarte lo que estas haciendo por mi y...—me quede un momento en silencio mientras pensaba en los pequeños niños qué crecían en el vientre de Christine—mi familia. —Por favor, no tomes mi pregunta a mal, pero dime una cosa—frunció el ceño, entre confundido y extrañado—tu no dudas de tu paternidad ¿No es así? Su pregunta de pronto golpeó una zona sensible en mi orgullo y también en mi corazón; sin embargo, tenía que ser sincero con él. Suspire y enseguida mis dedos bailaron en un movimiento rítmico sobre mi escritorio mientras cerraba la carpeta. —Ninguna mujer cuerda cuidaría un desahuciado gastando s

