Bruno se levantó de su asiento con un movimiento brusco, su rostro marcado por una mezcla de frustración y determinación. Las luces del club parpadeaban en tonos vibrantes, reflejándose en sus ojos como un eco de su estado emocional. —¿Por qué te vas? —pregunté, mi voz apenas audible entre el estruendo de la música. Bruno se detuvo por un instante, girando ligeramente hacia mí. Su mirada era intensa, cargada de algo que no podía descifrar del todo. —No es asunto tuyo, Arthur —respondió con un tono cortante, casi como si cada palabra fuera un golpe. Lo observé mientras se alejaba, su figura perdiéndose entre las luces de colores y las sombras que danzaban en el club. Había algo en su postura, en la forma en que sus hombros se tensaban, que hablaba de una batalla interna que no estaba di

