Llevaba tres días sin saber nada de Bruno. Tres días en los que me sentía como una sombra que no encontraba su forma. Había enviado el mensaje codificado para saber si había un nuevo trabajo para mí, pero no hubo respuesta, ni siquiera la burla pasiva que solía dejar en visto como si el mundo esperara su humor para girar. El problema era que yo no buscaba acción, no está vez. Buscaba información, o mejor dicho, el paquete que tuve entre mis manos. No dejaba de pensar en ese maldito paquete. Lo había entregado yo, mis manos lo habían tocado, mi voz confirmó la entrega. Lo hice porque Bruno lo pidió y porque pensé que no había riesgos, porque creí que si jugaba mis cartas con cuidado, podría acercarme lo suficiente como para entender lo que se estaba cocinando bajo sus sombras, pero algo

