Capítulo 121. Parto.

1315 Palabras

Las primeras tres noches fueron un tormento. Aún sentía en mis manos la presión de las ataduras, como si mi cuerpo se hubiese acostumbrado a la inmovilidad y ahora rechazara la libertad que le ofrecía la cama. Cada movimiento me parecía ajeno, extraño. Necesitaba salir, respirar aire fresco, convencerme de que realmente era libre. Pero salir también implicaba riesgos, no era como si pudiera deambular tranquilamente con alguien buscándome. Aun así, la sensación de encierro dentro del departamento era insoportable. Sin pensarlo demasiado, tomé las llaves y crucé la puerta, decidido a caminar sin alejarme demasiado. No contaba con que el lugar donde supuestamente descansaban mis restos estuviera tan cerca. Apenas doblé la esquina, el cementerio apareció ante mí como un recordatorio tangib

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