Creo que los dos estamos igual de nerviosos mientras que esperamos a que me llamen para entrar al consultorio. Él no deja de mover su pie en el suelo, y yo no dejo de hacer ejercicios de respiración tal y como si el parto fuera el día de hoy. No sé que nos pasa, tal vez es que por primera vez estamos cayendo en cuenta de que esto es más real que nunca —Dios, cuanto que tardan— Se queja y me rio. —Ya sé… no puedo más…— Susurro. —Nena, tengo una pregunta, tengo entendido que los partos acá son caros ¿es verdad?— Pregunta haciéndome reír. —Bastante, nos esperan una buena cantidad de gastos médicos ¿estas preparado para eso o queres que nos volvamos a Argentina?— Le cuestiono entre risas y me mira sonriente. Él niega acercándose a mi para darme un tierno beso en los labios y sonríe —No, no