Saber que al menos mi familia nos apoya en nuestra relación es un gran alivio, después de todo lo que hemos pasado con su familia y a nuestra llegada a Orlando, se podría decir que esto es una bocanada de aire fresco para nosotros dos. Entramos a la habitación de hotel en medio de respiraciones profundas que se confunden con suspiros, y lo primero que hago es ir directamente a la cama y dejarme caer de espaldas sobre esta como queriendo aliviar toda la tensión —Que día… ¿no?— Me pregunta él y lo siento sentarse en el borde. —¿Podemos volver a la Antártida? Estábamos mejor allá con los pingüinos y los lobos marinos— Bromeo y lo escucho reír. —Opino lo mismo, pero tarde o temprano nos iba a tocar enfrentarnos a la realidad ¿no te parece?— Me pregunta y siento como sus manos acarician mis