Contesté el teléfono mientras con un gesto impaciente echaba de la oficina a ese grupo de ejecutivos que sólo sabían competir a ver quién tenía más antigüedad. Todos salieron volando como si la oficina hubiera empezado a arder de repente. "Cecilia, ¿pasa algo?" pregunté sin alterar el tono frío que me caracteriza, con el teléfono pegado al oído. "Verás... tenía previsto volver al trabajo pasado mañana, ya que mi pierna está curada, pero tengo que ir a visitar a mi abuela," explicó. "Quisiera pedir una semana más de permiso." Su tono aparentaba tranquilidad, pero debajo se escondía un temblor leve. Estaba fingiendo estar bien, pero yo no me lo tragué. Me quedé callado unos segundos. "Te está empezando a gustar eso de faltar al trabajo, ¿eh, Cecilia? No irás a querer aprove

