Punto de vista de Cecilia La cama se movió bajo mí—de repente, con brusquedad. Antes de que pudiera reaccionar, una mano grande se apoyó en la parte trasera de mi cabeza, tirando de mí hacia adelante. Mis labios tocaron piel. Cálida. Suave. Firme. No era su hombro. Ni su cuello. Era... su mandíbula. Mis ojos se abrieron como platos. El impacto me golpeó como una bofetada. Y después, llegó todo lo demás: El leve calor de su piel. El perfume limpio de su colonia. Esa energía masculina que parecía incendiar el aire a su alrededor. Era demasiado. Demasiado intenso. Sebastian se quedó completamente quieto debajo de mí. Un instante eterno pasó sin que ninguno se moviera. Luego, su mano aflojó, no para soltarme, sino solo para inclinarme un poco hacia atrá

