Capítulo 6 Brote de esperanza
Desde el punto de vista de Scarlett
No pegué un ojo en toda la noche, pensando en todo lo que Alexander me había sacado. Hablar con Kathleen me alivió un poco. No del todo—el peso de esta soledad, la traición, el corazón roto seguía—pero me permitió respirar. Volvió a encender algo chiquito adentro mío. Y me aferré con todo.
Todavía era la Luna de esta manada, aunque a Faye le ardiera. No importaba que Alexander la tuviera encandilada o que pensaran que podían borrarme encerrándome en una habitación.
Dormí nada y ya estaba despierta cuando aún era oscuro. Me senté despacio en la cama, con la cabeza hecha un torbellino, y caí en cuenta del gran error que había cometido.
Me había olvidado de quién era.
Olvidé a esa chica que entrenaba el doble, que peleaba más fuerte, que no bajaba la cabeza en las reuniones solo para que la tomaran en serio. Olvidé a la loba que aullaba bajo Lunas sangrientas y no se achicaba ante machos más grandes. Olvidé a la mujer que fui antes de dejar que unas lindas palabras y unos ojos azules me hicieran bajar la guardia.
Olvidé a mis amigos. Me olvidé de mí.
¿Y Alexander? Él nunca se olvidó de quién era. Tomó todo lo que le di y a cambio solo me dio control disfrazado de amor.
Pero ya no más. Ahora era cuestión de esperar. Kathleen prometió hablar con Lucien. Hasta entonces, debía quedarme callada, sin levantar sospechas. Firme.
El día pasó lento como tortuga. Me levanté al fin cuando Ruby trajo el desayuno. Pero no tenía ganas de comer, tenía la mente en otra parte. Ella apenas dijo nada, pero con una sola mirada me lo dijo todo—me entendía. Y eso me bastaba. El estómago me hacía ruido. Comer se sentía como aceptar que pertenecía a esta prisión.
"Coma, Luna," susurró Ruby, tocándome con suavidad el hombro. "Necesita fuerzas. No se ganan guerras con el estómago vacío."
La miré. No vi a una sirvienta, vi a una compañera de lucha. Agarré el tenedor y la obligué a bajar un bocado. Me supo a cartón, pero lo tragué igual.
"Lo odio," dije en voz baja.
"Lo sé," respondió tranquila.
No me esperaba oír pasos.
Me quedé rígida cuando sentí la puerta abrirse, y una ráfaga de aire frío se metió en la habitación. Entonces me golpeó el olor—especias, cedro y algo más sutil que era puro Alexander.
Estaba acá.
No me di vuelta. Apreté los puños. Tenía el descaro de entrar como si nada pasara.
"Scarlett," dijo con ese tono cálido que ya no le creía. Odiaba cómo sonaba mi nombre en su boca. Y más odiaba que todavía me afectara.
Me giré lento, dispuesta a no mostrar emociones. Pero traía un ramo de peonías—mis favoritas. Me atraganté el aire. ¿Qué se traía entre manos? Vi cómo Ruby salía de la habitación sin decir palabra, dejándonos solos.
"Las vi y pensé en vos," murmuró, acercándose. "Las trajeron del jardín del sur."
No las agarré. ¿Para qué?
Se sentó al lado mío. Su aroma invadía mi espacio, y por su media sonrisa sabía que lo hacía a propósito. Se acercó más todavía, y antes de que pudiera alejarlo, me rozó los labios.
El vínculo cobró vida al instante, igual de terrible y fuerte que siempre. Mi cuerpo reaccionó, cada parte de mí recordó cómo me abrazaba, cómo me besaba. Estuve a punto de devolverle el beso.
Hasta que sonó su celular.
Se apartó, suspirando, y miró la pantalla.
Ahí volvió todo a la realidad de una bofetada.
Faye.
Vi su nombre bien claro.
Se me hizo un nudo en el pecho. Le tiré las flores y me alejé. "Tenés una mujer embarazada esperándote. ¿Qué hacés acá?"
Frunció el ceño. "Scarlett, basta."
"¿Me besás sabiendo que ella está esperando un hijo tuyo? ¿En serio?"
"No exageres."
¿Exagerar?
"¿Me tenés encerrada como si fuera un estorbo? ¿Me sacaste el celular, me aislaste de todos y ahora me tratás como si nada pasara?"
Resopló como si yo fuera molesta. "No vine a pelear. Quiero que charlemos como adultos."
"No. Viniste a manipularme otra vez."
Sus ojos se endurecieron. "Sos mi Luna."
"Entonces trátame como tal," lancé. "O mejor, sacame el título y dejame ir."
No dijo nada. Como siempre.
"Te creés que podés quebrarme," seguí, dando un paso al frente. "Pero te olvidás que yo vengo del Winter Manada. Nosotros no nos rompemos. Nos hielamos y volvemos más filosos."
Se rió, sin ganas. "Por eso no te elegí."
Ahí estaba. El golpe final—su verdad.
Lo miré, sintiendo que todo dentro se congelaba. "Bien. Porque jamás perdonaría a un infiel por más que intente venderme que todo está bien."
Tensó la mandíbula, la vena palpitándole en la sien. Luego, como siempre hacía, se dio la vuelta y se fue.
"Andá," dije en tono sarcástico. "Faye te espera. Anda a besar a tu noviecita."
Se frenó, miró de nuevo el celular y salió. Cerró la puerta de un portazo, y yo solté el aire. Me sentía como recién salida del campo de batalla. Odiaba que aún me afectara ese maldito vínculo. Desde ahora, no iba a dejar que me ganara otra vez.
Pasaron menos de diez segundos antes de que Ruby irrumpiera, con los ojos como platos. "Llaman por teléfono. Línea fija."
Parpadeé. "¿Qué?"
"La línea abajo. Dije que ibas. Suena a algo urgente."
Ya estaba corriendo antes de que terminara la frase. Todo pasó en un borrón mientras bajaba descalza. El teléfono n***o, viejo, estaba escondido tras unas cortinas de terciopelo.
Lo agarré. "¿Hola?"
Silencio.
Y una voz profunda sonó al otro lado: "Luna Scarlett."
Me congelé.
"Habla el Alfa Lucien."
Él estaba llamando.