El sol me despertó de lleno, directo a la cara. Entrecerré los ojos y solté un quejido bajito, llevándome la mano al cuello de forma automática, justo donde estaba esa marca que ardía como si quemara. Una marca que no me dejaba olvidar ni por un segundo que sigo atrapada en este lazo absurdo. '¿Kaya?' llamé bajito en mi cabeza, buscando cualquier rastro de mi loba. La misma que siempre había sido mi ancla, aunque todo se viniera abajo. Pero nada. Ni un susurro. Y tampoco la sentía. Suspiré hondo. Kaya había sido esa parte de mí que jamás se rompía, incluso cuando todo lo demás se había hecho pedazos. Perderla era como perder una mitad de mí. Tal vez solo necesitaba tiempo. Quizás cuando se sintiera mejor, volvería a hablarme. Toc, toc. El sonido me sacó de mis pensam

