Tocaron la puerta mientras revisábamos el proyecto de ley con Lucien. Estábamos concentrados, ajustando cada detalle. "Pasá," dije sin levantar la vista. "Esta vez sí toqué," escuché a Kathleen decir, lo que me hizo soltar los papeles y mirarla. Traía una bandeja plateada, con un sobre encima sellado. "¿Y esto?" pregunté. "Lo trajo un mensajero del consejo," respondió en voz baja, dejando la bandeja. "Urgente, según él." Lucien cruzó la habitación en dos pasos, rompiendo el sello con rabia contenida. Leyó el documento y se le endurecieron las facciones. "¿Qué dice?" pregunté, aun sabiendo la respuesta por su expresión. Me lo pasó. "Una recepción. Hoy. Asistencia obligatoria." "¿Obligatoria?" repetí, leyendo aquella prosa elegante que apenas disfrazaba una amena

