Me desperté de un sueño donde un pulpo me tenía tan apretada con sus tentáculos que ni podía respirar. En cuanto abrí los ojos, lo primero que hice fue empujar a ese "pulpo" para poder tomar aire. "¿Ya despertaste?" Su voz era baja y rasposa, mientras me abrazaba otra vez por la cintura. "¡Estuviste a punto de sofocarme! Suéltame." Lo empujé, pero ni siquiera se movió. "Vuelve a dormir. Anda, tranquila," murmuró con tono suave, intentando hacerme volver a cerrar los ojos. Le puse los ojos en blanco. "Ya es tarde. Dormí suficiente. Si tú quieres seguir durmiendo, entonces quítate de encima." Abrió los ojos entonces y me miró. "¿Vas al patio?" No le mentí, así que asentí. "Sí, voy para allá." Tardó unos minutos en soltarme. "Vale, yo iré al estudio." Me levanté del

