— ¿Qué quieres decir con eso de que Gina no está, abuela? — cuestioné incrédulo, mirando la hora. — Salió y todavía no ha vuelto — habló como si nada, serena —, de seguro estará bien. — Debes estar bromeando — bufé, tomando mi celular de inmediato. — Cariño, en verdad creo que estás exagerando — Hill me miraba con una mueca y de inmediato recordé lo que habíamos hablado en su casa. — Escucha lo que dice la señora Anne, sabes que a Gina no le va a gustar eso. — Puedes decirme abuela, querida — mi abuela tomó su mano y a mi rubia se le empañaron los ojos por aquel gesto. Comenzaron a hablar quién sabe de qué cosa y aproveché ese momento de distracción para llamar a Gina, me importaba un carajo si se molestaba. Al tercer repique contestó. — ¿Diga? — Gina, ¿en dónde carajos estás? Ya

