Marcus — En serio una serenata no se le da a cualquiera — seguía diciendo mi abuela, a pesar de que le había dicho que el tema estaba bastante gastado, pero Leilah había llegado con la noticia de su boda con Roberts y de repente, todos estaban hablando de mí. — Ella no me contó nada de eso — admitió Leilah, mirándome desconcertada. — ¿Y cómo es que fue que le dijiste que no, cuando ambos sabemos que ustedes se aman con locura? — Entiende, solamente nos dimos un tiempo… ella lo pidió hace mucho y no se lo había concedido — me encogí de hombros. — Creo que es lo justo para un año entero de acoso. — Ustedes son raros — intervino Gina, haciendo chasquear su lengua. — Si en verdad se aman, ¿por qué no se perdonan y vuelven? Creo que es más fácil que estar haciendo tanto drama. Le dirigí

