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2450 Palabras

Mordí mi labio, sintiendo la sangre acumularse en mis mejillas ante su mirada inquisitiva. Mi yo interior estaba chillando de la emoción, quería saltar y enredar mis piernas en torno a su cintura, repartiendo miles de besos en sus labios, mejillas, cuello y donde sea que se me ocurriera. Pero no lo hice. — D-debo pensarlo — titubeé de manera tímida, ante su mirada cargada de incredulidad. — Por Dios, Hill — desordenó sus cabellos, resoplando de manera frustrada. — ¿Qué más hago para que me creas? ¿Qué cosa? ¡Dime! — No sé… — admití y no era mentira, no estaba segura siquiera de los argumentos que ponía ahora mi cabeza para no aceptarlo. — En verdad lo lamento… — Está bien — suspiró, luciendo derrotado y triste. Acomodó su ropa con aire sombrío y tragué saliva, sin entender del todo

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