Al día siguiente cuando Emma se despertó, lo primero que hizo fue pellizcarse la mejilla, quería comprobar que todo lo que había sucedido el día anterior no había sido un simple sueño si no que era real, ella le dio una mirada rápida a la habitación, las pruebas de que no era un sueño estaban dispersas por la habitación. La champaña, las fresas, su vestido de novia y el traje de novio de Adrian, la liga que había llevado en su pierna la cual se había quedado colgando de un ramo de flores que había en la habitación, todas esas pruebas y él hombre que la abrazaba tiernamente le confirmaron que no había sido un sueño, que se había casado con el hombre que amaba y al cual se había confesado mientras decían sus votos matrimoniales. Emma se sentía tan dichosa que tuvo miedo de que su felicidad